jueves, 12 de octubre de 2017

El día después de las elecciones

Por Francisco Grillo
Superadas las Legislativas, quedan atrás las rencillas dramaticonas de la confrontación entre políticos por los espacios de poder. Para entonces estarán definidas las bancas de cada sector. Es en ese preciso punto donde comienza a gestarse una nueva etapa. Los actores deberán demostrar si están en condiciones de ser parte de las reformas que coloquen a la Argentina en el camino del desarrollo. Este sólo puede lograrse con el consenso entre todos los espacios.



No importa mucho el resultado de esta instancia. Poco puede cambiar en el funcionamiento legislativo. Si se repiten las cifras de las PASO o si crecen algo más los votos oficialistas, según apuntan las últimas encuestas, la gestión legislativa, en ambas cámaras, solamente podrá avanzar en proyectos de ley con los apoyos indispensables. El gobierno lanzará varias propuestas como viene anunciando. No serán aprobadas sin el acompañamiento necesario. Lo mismo sucederá con los proyectos de la oposición. Algo queda muy claro, en estas condiciones, este país tiene que ser gestionado con la colaboración de todos los sectores. Para eso hace falta la altura moral, de cada uno de los parlamentarios, para despojarse de sus vicios partidarios y enfocarse en el compromiso histórico de apostar por la gente y el país. Ambos temas, lejos están, por encima de cualquier otro interés. Es el punto de partida de la consolidación de la República en lo institucional. Incluyendo el crecimiento en los sectores sociales, productivos y económicos. Nada es gratis. La sociedad observa. Habrá premios de reconocimiento para los que demuestren si les da el cuero para la patriada o si juegan para otro equipo consiguiendo el castigo cuando se presente el momento de elegir a quien votar. Los resultados de las elecciones generales del 2015 y de las PASO 2017 así lo demuestran. Cambiemos no fue el real mentor del cambio. Este fue exigido e impulsado por el grueso de la sociedad, harta de tanto destrato por parte de la política. El mérito de Macri y sus seguidores simplemente fue saber interpretar la necesidad del pueblo y ofrecieron una opción distinta y les respondieron apoyando. No existe otra manera de interpretar que un partido de reciente creación como el PRO de Macri, con un acuerdo con la UCR, la Coalición Cívica, FE, Unión por la Libertad y la Democracia Cristiana, hayan alcanzado el triunfo en las presidenciales del 2015 y en las PASO 2017 de la noche a la mañana. Analizando podemos discernir que apareció Macri en la política en la ciudad de Buenos Aires. Realizó dos gestiones importantes como Jefe de Gobierno y con ese antecedente nada más, junto a Ernesto Sanz y Lilita Carrió armaron la coalición Cambiemos. Recordemos que, en la última elección presidencial de octubre del 2011, el FPV con Cristina obtuvo el triunfo por un 54% sobre Binner (16,8%), UCR con Alfonsin (11.1%) y Coalición Cívica con Lilita (1,8%). El PRO todavía no había intervenido en las presidenciales. Se integran con estas fuerzas con el antecedente magro de las cifras del 2011 (UCR 11,1% y CC 1,8%). Todo apuntaba que era Macri, que construyó su imagen en la Ciudad, era el que podía liderar esta Alianza. ¿Cómo se puede concebir que tan endeble armado electoral haya podido triunfar sobre la arrasadora Cristina del 54% de octubre del 2011? La respuesta es elemental. La sociedad dijo basta. Su hartazgo pedía a gritos algo diferente y apareció el espacio que leyó adecuadamente la necesidad y se comprometió a ello. El cambio no llegó todavía. Estamos en la transición. Falta mucho camino por recorrer. Por ahora, los interpretes son los que están en el poder. Depende del resultado de la gestión que la gente le otorgue otra oportunidad en el 2019 y de no ser satisfechos los objetivos, seguramente surgirá otra propuesta superadora. Difícil que se vuelva para atrás. Los partidos tradicionales están agotados. Los que pretendan sobrevivir deberán aggiornarse. Las alternativas tendrán que estar compenetradas en que la Argentina está empezando a transitar por el camino del desarrollo y el crecimiento. Ninguno que se aparte de ese rumbo conseguirá ser premiado por el voto popular. Los que deciden son los ciudadanos silenciosos. La infinitamente mayoritaria masa que tiene una vida de trabajo estudio, familia y educación. La voz de la calle, muchas veces protagonizada por minorías muy ruidosas, no deciden el resultado de las elecciones. El destino de los argentinos está en juego. Es un objetivo superior que está por encima de las metas personales de la política. La sociedad, paso a paso, da muestras inequívocas de su decisión de enfocar el eje en dejar atrás el anacrónico pasado con su subdesarrollo y apuntar hacia un futuro que nos coloque en el lugar que merece la Argentina como un país- territorio y una nación- sociedad que se integren en una República con los temas centrales resueltos. Ese es, el destino de los argentinos, el día después de las elecciones.

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