viernes, 4 de enero de 2019

Macri, el mérito de lograr el cambio o la transición hacia él

Por Francisco Grillo

Con la copa en la mano del último brindis por el nuevo año, en medios de los deseos de un año mejor, vamos repasando lo que pasó en el 2018 y nos encontramos con la incertidumbre sobre qué ocurrirá en el 2019, que se inicia con su impronta de año electoral.




Eso es, de cara al futuro, la necesidad de realizar un análisis de lo actuado hasta ahora por la actual administración de gobierno personalizada en Maurlcio Macri y su equipo de gobierno. El balance de lo actuado, como expresara el amigo Cobos con la 125: “No fue positivo”. El voto de la gente no resultó equivocado. En el 2015, el modelo anterior, con tinte populista, se había agotado. Doce años, conforman tres períodos consecutivos en el poder. Es difícil, en el mejor de los casos, si todo hubiera resultado bien, que el poder no se devore a sus impulsores. Es imposible evitar el desgaste que produce su ejercicio. Tampoco, los interpretes de esa administración fueron un ejemplo para imitar. El mejor de los tres mandatos fue el primero, a cargo de Néstor. Después, Cristina fue de mayor a menor incluyendo el impacto a favor que le causó la muerte de su esposo. Ante este escenario, por muy estrecho margen, la sociedad eligió el camino del cambio. Acertó en el candidato, porque era el más indicado para representarlos en ese sentido. Elaborar un pensamiento para determinar cuál fue el resultado de esta gestión es sumamente dificultosa. En medio de los deseos de feliz y próspero año nuevo, los anuncios de aumentos del transporte (40%), Electricidad (43%), Gas (35%), Agua corriente y cloacas; no tienen mucho de buenos augurios. La idea es concentrar la suba de las tarifas en el primer cuatrimestre para alejarlas de los tiempos electorales. Con la mejor buena voluntad para comprender las decisiones de la política y de la economía, no cabe otra posibilidad de imaginar que esta administración está muy jugada y con poco margen para revertir la situación de la economía. No tienen otra alternativa que, en algún momento, aunque sea algo difícil de predecir de acuerdo a los actuales parámetros, la economía de un vuelco y se estabilice como para impactar en la opinión de la gente y les renueve los votos para proseguir el camino del cambio y del crecimiento que es para lo que fue elegido este gobierno. No hay mucho tiempo, una luz de esperanza siempre queda. Es cierto que el tiempo de gestión es muy corto para emprender la reestructuración de un modelo de país que lleva varias décadas de desatinos. Quizás merezcan la posibilidad de una nueva oportunidad para demostrar si pueden o no convertirse en los ejecutores de la transformación. De no alcanzar esa dimensión, en el corto tiempo que queda para las elecciones, esta administración quedará en la historia como la que realizó el trabajo sucio del ajuste. Como ocurrió durante el gobierno de Eduardo Duhalde (2002-2003) con su ministro Remes Lenicov que fue el que se quedó con los palos del trabajo sucio y le pasó el timón de la economía a Roberto Lavagna que asumió sobre el final del mandato de Duhalde y siguió como legado de éste al presidente Kirchner. Fue en ese período donde pudo visualizarse la salida de aquellos momentos de zozobra y que permitieron ir revirtiendo todas las variables de la economía. Tampoco en ese momento se aprendió la lección porque después de irse Lavagna volvió a torcerse el rumbo virtuoso. Para este gobierno quedan dos alternativas: El mérito de lograr el cambio o la transición hacia él. Está en sus manos alcanzar cualquiera de las dos opciones. La sociedad será la que juzgue y premie o castigue. De no ser Macri el transformador, las alternativas que quedan están representadas por Cristina, lo cual dejará de ser un cambio sino la continuidad de todos los fracasos que cerraron su último período. La otra deberá nacer de la concertación del peronismo federal, racional o como se lo llame. Están jugando con la posibilidad de candidatear a Lavagna para asociarlo con aquella función positiva que ejerció en los finales de Duhalde y en los primeros años de Kirchner. Todo puede ser. Lo importante es lo que decida el pueblo. El dueño de los votos y del poder.





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