Por Francisco Grillo
Debemos ser una de las
sociedades más impredecibles del mundo. Nadie esperaba un resultado tan
sorpresivo y contundente como el que arrojaron las Primarias del 2019. Que el
ganador sería Alberto no estaba en discusión, pero nadie, incluyendo a
encuestadoras, votantes, periodismo y los propios protagonistas, imaginaba
tamaña diferencia.
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Cuando comenzó a transcurrir el año y se dieron los primeros pasos de la
campaña, Cristina produce el primer movimiento. Se posiciona como
vicepresidenta y elige como pre candidato a Alberto Fernández. Esta resultó una
jugada estratégica fundamental. Apuntaba a evitar el rechazo que, hacia su
figura, existe dentro de las filas del peronismo como en otros sectores. Ella
sabía que no podría sumar a los que no estaban alineados hasta ese momento.
Fernández sería el negociador de la reunificación del peronismo. Muy pronto se sumaron los gobernadores y por
último Sergio Massa. El otro hijo pródigo que se había alejado de “la casita
de los viejos”, igual que Alberto Fernández. Ambos fueron muy críticos y
duros sobre la gestión de Cristina. Massa la enfrentó en las elecciones del
2013 y le quitó la posibilidad de alcanzar el objetivo de “Cristina eterna”.
También participó compitiendo por su cuenta en las presidenciales del 2015.
La distancia entre las partes era considerable. Pero, por iniciativa de
Cristina, al comprender que su techo electoral no le alcanzaría para ganar, dio
el inteligente paso hacia atrás en la candidatura y convocó a los hijos
rebeldes que “volvieron vencidos a la casita de los viejos”, se
reencontró la familia y fueron felices. Por ese entonces, con la euforia de la
reagrupación justicialista y el retorno de muchas figuras, se fortificó el
espacio. Por entonces las encuestas comenzaron a sonreírles. Se hablaba de un
9% de ventaja sobre Macri. Esto produjo movimientos en los mercados. Algunas
corridas. La suba del dólar, que marca el inicio de la devaluación del peso y
la crecida de la inflación. Se empiezan a tomar algunas medidas, como pequeños
paliativos para tratar de contener a los mercados. Suben las tasas de las
Leliqs para que los bancos puedan tentar a los ahorristas con altos
rendimientos en los Plazos Fijos e incentivarlos para que continúen invirtiendo
en pesos y no corran hacia el dólar. Por otro lado, el Gobierno consiguió que
el FMI lo autorice a manejar una parte de los fondos provistos para salir a
parar la corrida cambiaria que estuvo latente todo el tiempo. Así se fue
piloteando y de a poco, lentamente, se fue estabilizando el valor del dólar y
disminuyendo tibiamente la inflación. Cerca de la fecha de las primarias, el
viernes 9 de agosto, parecía que la suerte le sonreía al oficialismo. La
inflación de julio asomaba con un poco más del 2% lo que generaba muy buenas
expectativas de cara a las PASO y ya se hablaba de que la diferencia entre los
dos espacios polarizado era de 2 o 3 puntos. Pero llegó el 11 de agosto y las
PASO sorprendieron con un resultado inesperado. Las cifras fueron del 47,3%
para Fernández contra 32,2% para Macri. Un golpe demoledor para el oficialismo.
En este punto, lo primero que debemos reformular es el sistema operativo de las
encuestadoras. Resultaron un fracaso total, una vez más. Evidentemente fallan
en las predicciones y el diagnóstico. Al día siguiente los famosos mercados
responden con una corrida del 23% el primer día llevando el valor de la moneda
norteamericana de $46,50 al $57,30 y el miércoles 14 andaba por los 63,20. Otra
vez sopa. Se caen los activos argentinos por todos lados. Las acciones de las
empresas argentinas pierden alrededor del 50% de su valor. El riesgo país de
850% a 1750%, sólo superado por Venezuela con 2000%. La devaluación se
trasladará a los precios. ¿Hasta dónde llegará? Cada uno tiene una respuesta
para estos conflictos. Algunos dicen que el motivo es que la posibilidad de que
el kirchnerismo llegue al poder no es bienvenida por los mercados mundiales por
los manejos de su política exterior durante los periodos que les toco gobernar.
También nuestra economía es frágil y enferma, con las defensas tan bajas, que
al menor soplido lo pueden atacar todos los males de la humanidad. Es muy
difícil llegar a una conclusión de cómo salir de esta maraña. La masividad del
electorado que eligió a Fernández en estas Primarias puede atribuirse a una
parte del caudal que Massa traccionó a su nuevo destino y a una porción de
desencantados que habían votado por Macri en el 2015 y 2017. El mayor defecto
la gestión del Cambiemos fue la falta de percepción de que se estaba exigiendo
demasiados esfuerzos a la sociedad. El detonante resultó ser el blanqueo de las
tarifas de servicios y transportes, con aumentos que eran necesarios pero que
no podían soportar los bolsillos de los alicaídos ciudadanos. Tampoco las
paritarias lograban igualar a la inflación. Quiere decir que estamos en una
alocada carrera de subas interminables del dólar que dispara los precios y
termina por acelerar la pérdida del valor real de nuestra moneda. Faltó la
inteligencia de interpretar que lo cotidiano influye mucho en las decisiones en
el momento de definir el voto. Ya en la devaluación del 2018, cuando los
mercados empezaron a operar en nuestra economía, el dólar se fue de $18 a $38
violentamente. Ese otro momento para reaccionar por parte del gobierno.
Sobrevolaban los rumores de cambios en el gabinete. Los puestos que afectaría
el juego estaban localizados en la jefatura de gabinete, economía y Banco
Central. Se pedía un vuelco hacia los funcionarios del ala política, mucho
antes. Después del triunfo en el 2017. Quizás hubieran tenido una mirada
distinta sobre la solución de los problemas. También era el momento adecuado de
ampliar el espectro de Cambiemos con la inclusión de dirigentes de otros
partidos. El pase de Massa podría haber cambiado la historia. Como después, muy
tarde, ocurrió con Pichetto. Quizás se hubieran modificado muchas decisiones
incorrectas que se tomaron. Y el caudal político sería de otra envergadura y se
vería reflejado en las urnas. El oficialismo tuvo el poder en sus manos. En el
2015 y lo confirmó en 2017, a partir de allí, fue perdiendo el consenso de la
gente. Todavía no está nada resuelto, las elecciones son el 27 de octubre. La
diferencia es muy grande. Todo apunta a que Fernández será el nuevo presidente.
Pero todo es tan difícil de evaluar que pueden ocurrir sorpresas, que se
reviertan los resultados o que aparezca otro en escena, por ejemplo, Lavagna.
Ya hubo contactos entre Macri y Fernández, sería bueno que jueguen para el país
para suavizar todo el terremoto económico que se está produciendo y del cual
ambos son responsables. Es muy difícil lograr consensos cuando todavía, no
empezó la campaña para la primera vuelta. El gobierno implementó algunas
medidas preliminares de aumentos, bonos, suba del techo de Ganancias, quita del
IVA para algunos productos, entre otras, para suavizar el impacto de la
devaluación en la población. Es muy largo el camino para desandar y lleno de
obstáculos para todos.
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